
Por qué Crack-Up?
Arlo
En 2017, Fleet Foxes regresó después de seis años de silencio con Crack-Up, un álbum que parecía decidido a complicar todo aquello que había hecho reconocible a la banda. Las armonías vocales seguían ahí, al igual que las guitarras acústicas y esa fascinación por los paisajes naturales, pero las canciones ya no buscaban llegar rápidamente a un estribillo memorable. Se expandían, cambiaban de dirección y, en ocasiones, parecían desarmarse mientras avanzaban.
El título proviene de The Crack-Up, una serie de ensayos de F. Scott Fitzgerald publicada en la década de 1930 sobre crisis, desgaste y transformación personal. Esa idea atraviesa el disco. Robin Pecknold escribió buena parte del álbum después de alejarse temporalmente de Fleet Foxes y regresar a la universidad, un periodo que terminó influyendo en una obra mucho más fragmentada y reflexiva.
Esto se escucha desde “I Am All That I Need / Arroyo Seco / Thumbprint Scar”. En lugar de funcionar como una introducción convencional, la canción atraviesa diferentes secciones, intensidades y texturas. Crack-Up utiliza estos cambios como parte de su lenguaje: momentos íntimos pueden convertirse repentinamente en enormes arreglos corales y orquestales para después desaparecer casi por completo.
“Third of May / Ōdaigahara”, una de las piezas centrales, lleva esa lógica todavía más lejos. Sus casi nueve minutos funcionan menos como una canción pop tradicional y más como un recorrido. Fleet Foxes parece interesado en lo que ocurre entre una idea musical y la siguiente, utilizando silencios, cambios de tempo y variaciones instrumentales para alterar constantemente la percepción del oyente.

Por eso Crack-Up puede sentirse difícil en una primera escucha. No tiene la inmediatez pastoral de Fleet Foxes ni depende tanto de canciones individuales como Helplessness Blues. Es un álbum que recompensa escuchar de principio a fin y regresar a él varias veces. Detalles que inicialmente parecen accidentales empiezan a revelar conexiones.
Quizá ahí está lo más interesante de Crack-Up: Fleet Foxes no regresó después de seis años intentando reconstruir exactamente el sonido que había dejado atrás. Regresó preguntándose cuánto podía deformarlo sin dejar de ser Fleet Foxes.
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